Enloquecida por el mal de ojo

Ains señor@s… vaya tiempos accidentados los que estoy viviendo…  Si no tenía bastante con que no todo fuera bien, y después con mi parto, hemorragias y demás… Ahora tenemos mal de ojo. Pero literalmente vaya. No era suficiente el estrés de volver al trabajo y la operación del Bollicao noooooooo. Tenían que ponerse todos los miembros de mi familia enfermos, menos Pichón y yo. Por eso hoy estoy Enloquecida por el mal de ojo, y ahora verán porqué.

Allá por el 20 de junio, mi pobre madre ya vino con un ojo un poco rojeras. Pero no le dimos importancia al tema… El pasado día 4 habían operado a Bollicao de su riñón y todo había ido bien, y lo achacamos al estado de relajación en el que todos habíamos entrado. Al final, una conjuntivitis dura unos pocos días, así que no la tocamos demasiado y punto. Pero entonces entró en juego el factor incontrolable, el caos: mi padre. Si escribiésemos una entrada en la Wikipedia sobre personas que son malos enfermos, en el Top 5 estaría mi padre, fijo.

Por si no fuera suficiente, a mi pobre @RollingFood la operaron a final de mes, y mi madre estuvo un par de noches sin dormir en casa… Y se lió parda. Mi padre no tomó precauciones y pilló el bicho. Y como la conjuntivitis pica mucho, se rascó mucho los ojos. Se limpió con cualquier servilleta que pilló por ahí y la dejó tirada en cualquier superficie. Por supuesto, después no se limpió las manos, faltaría más. Y entonces empezó la epidemia silenciosa.

El domingo, cuando mi padre todavía no estaba del todo infectado, nos bañamos en la piscina con él. Y el miércoles se lió parda. Los ojos de mi padre eran como dos trozos de hígado con pupilas. Maridito con un ojo hinchado y rojo. Y el pobre Bollicao… Con un ojo hinchado y morado como Roky Balboa. El festival del colirio había comenzado y solo quedábamos tres personas sanas en la familia.

El tema llegó a su punto culminante cuando llevé a Bollicao al oculista. Le tocó el ojo y me dijo: “permítame que me lave las manos, no quiero que toda mi familia tenga conjuntivitis también“. Y a continuación me habló de convencer a mi pediatra para que ingresara al niño por infección generalizada. Imaginen mi careto.

Por suerte no hubo ingreso, y la infección fue remitiendo poco a poco. Y yo, que he dormido con la mitad de los infectados… Me mantuve intacta hasta hace dos días. Primero noté un picorcillo y pensé: estoy absolutamente paranoica, pero aun así, me lavé el ojo a conciencia con suero fisiológico. El picorcillo continuó, y me dije, tranquila, tus defensas son a prueba de bombas. No te has infectado en tres semanas, te vas a infectar ahora… Pues sí.

Mi estado es el que ven, un ojo a la virulé. El mal está ahora en mí. Las aventuras en el oculista y la fiesta del colirio está en marcha. Y el gel hidroalcohólico fluye por mi piel a todas horas. Y todo para no contagiar a Pichón, que es todo drama, y no podemos ni imaginarnos lo que sería ponerle gotas unas 8 veces al día. Si la vida te da conjuntivitis… ¿haces colirio? En la fábrica ya somos cuatro los infectados-stop. Recen todo lo que sepan para que no les pille el mal de ojo.

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