Enloquecida por ser antisocial

Señor@s, esto forma parte de mi realidad y no puedo ocultárselo ni un minuto más. Y es que el contacto humano cada vez me repele más. No me malinterpreten, no voy a subirme a una ermita perdida en la sierra de Espadán a vivir de la naturaleza, ni me voy a recluir en un mi casa durante años cual hikikomori, pero cada vez aprecio más estar conmigo misma, a solas, en casa o fuera. Por eso hoy estoy Enloquecida por ser antisocial y ahora verán porqué.

Cuando todavía estaba hecha una jovensuela me picaba todo cuando estaba en casa. Quedarme sin salir me parecía perder el tiempo, y solo lo hacía cuando no encontraba ningún plan o cuando estaba tan exhausta que iba a caer enferma, o cuando tenía irremediablemente que estudiar. Estar sola me daba mal rollo, y lo evitaba a toda costa vaya. Aun así, nunca fuí una persona de amistades de 5 minutos, de esto que conoces a una persona, conectas mil y a la media hora ya te estás declarando a muerte amor amiguil… No, no, esa no soy yo.

Así que de un tiempo a esta parte, y especialmente desde que tengo hijos, sueño con quedarme sola en casa. Un fin de semana o una tarde de parque. Y cuando la magia se produce… Tampoco hago nada interesante, no se vayan a creer. No monto fiestas salvajes. Simplemente me quedo en silencio sentada en el sofá, o tumbada en la cama mirando al techo. Voy en bragas por casa (con mi panza extracorpórea actual, esto podría dañar la integridad mental de cualquiera) cocino, me echo miles de potingues o doy rienda suelta al incipiente TOC que está naciendo en mí (maldita Konmari…). Ya saben ustedes, pequeños placeres cotidianos

Imagen real de mi tripaza en pleno movimiento. No se asusten, de verdad.

El tema de viajar sola también me atrae cada vez más. Lo cierto es, que uno de los viajes que más me marcaron lo hice sola, y no me asustaría largarme sola a cualquier ciudad (obviamente, siempre y cuando no sea al cartel de Medellín, obviamente).  Así que he llegado a la conclusión de que soy antisocial.

Y esto se agudiza especialmente ahora, que estoy en casa de baja y la mayor parte del día, sola. Imaginen mi estado de paz y tranquilidad. Leo, miro miles de chorradas en Internet, escribo (hurra!), cocino (o hago intentos de hacer croissant), busco casa y continúo con mi TOC. Que esto mola un montón, no se crean, pero no sé, mi terapeuta me dice que fomente el contacto humano y la diversión social y el Doctor Runner (mi ginecólogo) me receta chocolate contra la ansiedad y me dice que salga a caminar.

Y yo pienso: ¿caminar con semejante satélite extracorpóreo? ¿Caminar con este dolor de espalda, pelvis, lumbares, ingles...? ¿Hablar con gente, si me falta el aire cuando pronuncio tres frases seguidas? No, gracias. Debo dar mucho susto, porque las estupendas mamás del colegio de mi hijo, cuando voy a recogerle a la salida me preguntan ¿aún no has dado a luz? y me miran asustadas. Y sospechosamente, cada vez que me arreglo un poco, mariditos me elogia como si me hubiera puesto el último modelazo de Chanel. Tal vez sea porque estoy pálida, tal vez por mi volumen sobrenatural… O porque definitivamente, he caído en el pijamismo embaracil: solo llevo leggins. Horror de los horrores.

Menos mal que ya queda poco y una vez nazca número 2 tendré más ganas de pasear y relacionarme. Y por fin podré tirar los leggins de embarazada, que son lo peor de lo peor. Mientras tanto me quedo aquí, tirada con mi portátil, sola (viva!) en la cueva de Gollum, aguardando al Tesoro

 

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