Enloquecida por 6 miserias del embarazo

Ains señ@res, si es que, quien llama al embarazo “dulce espera” no sé de dónde lo ha sacado. Que sí, que tiene cosas buenas, tienes una tetazas que ni Pamela Anderson, un pelo que ni en los anuncios de Pantene, y cuando el bebé se mueve es lo más… Pero hay miserias. Y muchas. Y tu abuelamiento se apodera por momentos de tu ser, no lo nieguen, preñadas del mundo. Por eso hoy estoy Enloquecida por 6 miserias del embarazo y ahora verán porqué.

  • Salir a comer fuera es un infierno. Si, salir a comer o cenar embarazada, cuando no has pasado la toxoplasmosis es un puñetero infierno. Descartas de un plumazo todos los restaurantes japoneses (salvo los de Ramen, claro), los crudívoros, cevicherías y de más modernores. No les voy a mentar lo que es ir a un restaurante con estrella Michelín, porque merecería un post a parte, de verdad. Evita la tentación y evitarás el peligro dicen. Pero entonces entras en un inocente italiano, aquí estaré a salvo, piensas. Y, aunque nunca comas en condiciones normales, hueles a varios metros de distancia las surtidas bandejas de oloroso embutido italiano… Y empiezas a babear como si no hubiera un mañana, y a maldecir al dichoso toxoplasma, y tienes tentaciones de, entre un embarazo y el siguiente, chupar culos de gato, a ver si pasas el dichoso toxoplasma y te dejan en paz de una vez. Y si te pones en plan talibana, claro tampoco te puedes comer una triste ensalada. Aunque en esto, tengo que decirles que esta vez yo me he relajado bastante. Mi amiga Mj, que es matrona, me hizo la siguiente reflexión: “Si en 37 años no has cogido la toxoplasmosis por comerte una ensalada en un restaurante, créeme, ahora no la vas a coger. Puedes comer ensalada fuera de casa con total tranquilidad”. Alabada seas Mj.
  • img_6013Admítelo, tus esfínteres no son lo que eran. Señoras y señoritas, admítanlo de una vez. Los esfínteres en el embarazo no son ni sombra de lo que fueron. Puedes tener la suerte de que tu suelo pélvico esté totalmente intacto, pero puede ser que no y, ante un estornudo o una carcajada, te acuerdes de los anuncios de Tena Lady. Ustedes ya me entienden. O que de repente, su señor hij@ decida cambiar de postura y usted tenga que ir al mingitorio con una urgencia espantosa. Amén de las ventosidades. No sé ustedes, pero mi puerta trasera se vuelve bastante anárquica durante la gestación… Algún día les contaré lo del pedo en pilates… Solo un dato: nunca volví.
  • El tema de la ropa es un caso a parte. Esto es otro infiernito. Mi armario ya no es tan capsular como era, pero tengo descuadre, pues mi otro embarazo lo pasé en otra estación del año. Por lo tanto voy con jerseys que me están siempre cortos y enseñando la telilla de los pantalones premamá. Me niego a comprar ropa premamá porque es… muy fea. Más fea que pegarle a un padre, vamos. Así que por favor Don Amancio, ¿para cuándo una colección para gestantes? Salvo Asos y alguna que otra honrosa web… poca cosa hay. Eso si, por primera vez me he puesto un vestido totalmente ajustado. Y me he visto bien. ¿Será la panza?
  • Hace varias semanas que no me veo el chichi. Este es un gran drama. Hace varias semanas ya que no me veo el chichi. Puede parecer una tontería pero no lo es… ¿cómo me depilo las inglés? ¿U otras cosas? ¿Qué pasa ahí? ¿Cómo está eso? Y no les comento ya como tenga hongos… Voy a tener que ponerme crema a tientas. Un drama señ@res, un drama…
  • Las uñas de mis pies son una tragedia griega. Allá abajo, entre Mordor y el continente de Ulthos, están mis pies. Los pobres, maltrechos, soportan mi creciente peso y yo los ignoro sin piedad, pero no por capricho o desdén, sino porque cada día, me cuesta más llegar hasta ellos. Los callos y los pellejos conviven con el esmalte descascarillado del verano y la piel ultrareseca, pues la crema hasta allí hace mucho tiempo que no ha llegado. Si pudieran, me dirían cuantísimo añoran el verano, las sandalias y la pedicura Spa. Ir al salón de uñas ha pasado de importante a urgente e importante. Y con mis dificultades para cortarme las uñas… Cada vez más.
  • Me canso de vivir. Pero no de vivir peligrosamente, de ir de festival, bailar hasta el amanecer o viajar… Simplemente de llevar mi vida habitual de trabajar, cuidar de Pichón… La cosa está llegando a tal extremo, que no hago más que decirle al pobre: “cariño porfa, tráele esto a la mami, tráele lo otro a la mami”… El pobre ya juega a ser camarero… Por la noche, no cenaría nunca, y me despierto a las 3 de la mañana en la cama de Pichón desorientada y dolorida, porque en el transcurso del ritual del sueño… La que se duerme primero siempre soy yo.

Estas son solo algunas de mis miserias del embarazo… ¿Y las suyas? Desahóguense sin pudor ni cortapisa, no tengan miedo…

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