Enloquecida por los lugares a los que no me canso de viajar

Yo no sé a ustedes, pero a mí viajar me gusta más que a un tonto un lápiz. No me importa dónde ir, si a un pueblo de Cuenca o a la Gran Manzana, pero salir de casa con maletas es una cosa a la que me costaría muchísimo renunciar. Y supongo que como todo el mundo, tengo mis sitios fetiche, a los que iría todos los años. Incluso, en un año sin poder hacer viajes como Dios manda (por hijos, vacaciones, etc.), unos días en uno de estos destinos te arreglan el panorama. Y en estos días de monotema político y agobio general, viene bien desconectar un poco y hablar de frivolidades que oye, nos hacen más pasable el día. Por eso hoy estoy Enloquecida por los lugares a los que no me canso de viajar y ahora verán porqué.

3 lugares a los que no me canso de viajar:

  • Madrid. Pues sí, es cierto, de Madrid nunca me canso. Y es que, cuando vivía allí me pasaba como a muchos de sus habitantes: que tienes una relación de amor-odio a partes iguales. Odias los atascos, las miles de personas siempre por todas partes, el olor del metro en verano y los tres meses de infierno. Recuerdo mi primer verano en Madrid, y de cómo me ardían las vías respiratorias cuando caminaba por la Carrera de San Jerónimo en plena canícula, a las tres de la tarde, para coger el metro hasta mi residencia. Era horror (aunque todo tiene su parte positiva: no sudabas). Y recuerdo cuando salía de casa bien pronto para ir a trabajar a una famosa agencia de noticias, y me resbalaba en la puerta de mi casa porque había hielo. Pero también recuerdo los domingos paseando por la Plaza de Oriente, los cafés en la Terraza del Espejo, o en el Café Jijón, o en el Café Comercial y los boletus con lascas de foie en La Montería. La plaza de Pablo Olavide, la plaza Mayor, el Madrid de los ADublinustrias o mi paseo favorito de los sábados: de metro Quevedo a metro Gran Vía, caminando por toooooda la calle Fuencarral. Y qué decir de esas noches en Chueca, en los bajos de Argüelles (sí, una un día fue un poco macarra), en Serrano, por la Plaza de Santa Ana, por Alonso Martínez… Así que cada vez que voy a Madrid, deseo volver a vivir allí. Pero sé que en un breve espacio de tiempo… querré volver a Valencia… Y así hasta la próxima. Cosas de la vida.
  • París. Es pensar que voy a París (o cerca de París) y se me arregla el mes. Con sus avenidas monumentales, preciosas callecitas estrechas, museos grandiosos, tiendas impresionantes… De París me gusta hasta la cochambre. Para reencontrarme a mí misma, he ido a París, cuando tenía pena iba, cuando estaba contenta iba… Ayuda tener un amigo allí viviendo claro, si no el sueldo no da para tanto… Pero ahorraría durante meses para ir. Mis últimas 48 horas en París estuvieron genial, pero como siempre me quedé con ganas de más. Me faltó un paseo por la Rue Mouffetard, una revisita al museo de Orsay, al Louvre, al de Rodin y al de Monet, una escapadilla a Le Bon Marché, que siempre intento y al final nunca voy, un café cerca del Canal Saint Martin… Y sin duda, vale la pena ir a París única y exclusivamente a una cosa: a comer. Cada vez que compro un boleto del Euromillón fantaseo con ganar para poder dejar el trabajo, ir a París a estudiar cocina al Cordon Bleu, hacer prácticas en un pastelería francesa… Y comer la ma-ra-vi-llo-sa gastronomía (y producto) francés. ¿Quién sabe? Quizás el próximo viernes…
  • Dublin. Cada año desde hace casi 10, cuando llega el puente de octubre, me acuerdo de aquella vez que me fui a Dublín a reencontrarme, a curarme y a renacer. Fueron 2,5 meses solo, pero muy intensos. Allí aprendí a vivir sola (completamente, sin nadie más) y en un país extranjero, viví una segunda juventud y me lo pasé pipa. Ya les conté mi Top 10 de Lugares en Dublin, pero hay muchas cosas que no recordé, como lo genial que era sentarse en un banco frente al Grand Canal a mirar el agua (aunque hiciera un frío del carajo), lo que me gustaba despertarme por la mañana y mirar, desde mi ventana victoriana de un ático en Wilton Place (por la que entraba el aire de forma brutal, incluso cuando estaba cerrada) cómo llovía en el canal por la mañana, lo que disfrutaba mis paseos vespertinos por cualquier parte de la ciudad y mis fines de semana sin planear, haciendo simplemente lo que se me ocurriera. Desde tirarme toda la tarde leyendo en un café con un latte, hasta buscar majestuosas calles victorianas o “lane”, esas calles traseras como “de segunda” pero que para mí, tenían cierto encanto. Y locales especiales, claro, como Fallon and Byrne. Y las tribus urbanas de Dame Street, los grupos de niñas marcianas de piel naranja de compras en Henry Street, y tantos y tantos rincones… Quiero volver. Ya.

Y esto es todo señores, hay más lugares que me gustan pero estos son aquellos a los que volvería una y otra vez… Y ustedes, ¿tienen alguno de esos lugares a los que irían una y otra vez?

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