Enloquecida por ser turista y no perder la dignidad

Que es ésta una cuestión ardua, dura, espinosa y aciaga, no queda ni un atisbo de duda. Y es que cuando nos vamos de viaje, perdemos el oremus. Con la excusa del calor estival, nos echamos encima lo primero que pillamos y claro, así salen después las fotos… Un cuadro señores. Porque no hace falta ser influencer o instagramer o egoblogger para tener cierta dignidad fotográfica, hoy estoy Enloquecida por ser turista y no perder la dignidad y ahora verán porqué.

Resulta que he estado de vacaciones unos días con Pichón y Mariditos en Eurodisney. Y tengo que decirles que vale mil la pena llevar a los nenes incluso cuando son pequeños, a partir de 2 años o así, porque sus caritas de ilusión no valen todo el oro del mundo. De verdad.

Bueno, pues en estos días de turisteo, sesiones maratonianas de atracciones, comida basura y un ataque de alergia que me tuvo en baja forma la mayor parte del tiempo, he tenido mucho tiempo de pensar en los viajes, en la vida en general, y de observar las costumbres de todos nosotros cuando viajamos. Y algo en lo que es muy complicado mantener la dignidad es en el look de turista.

¿En serio? Pensarán. Pues sí. Porque cuando estás más cerca de los 40 que de los 30 no vale ya con ponerse un pantalón corto y una camiseta como cuando eras una jovensuela. En estos días, he observado muchos especímenes y tenía que contarles mis tesis sobre los looks de turisteo:

  • Athleisure… hasta cierto punto. Sí señores sí, solo hasta cierto punto. Porque una cosa es que tu look tenga un aire deportivo y otra cargar en el Decathlon y llevártelo todo de viaje. En el parque ví a gente vestida como para salir al correr, con las mallas cantarinas, las camisetas Quechua o Khalenji… Todo glamour. De hecho, en el avión, tanto de ida como de vuelta, nos cruzamos con una mujer que me llegó al alma. Tenía dos hijas mayorcitas y yo creo que los 45 ya no los cumplia. Y tenía tipazo la verdad, muy atlética. ¿El problema? Pues que a la ida llevaba una camiseta chillona conmemorativa de no sé qué trail de no sé qué localidad (algo así como “matahombres” y “quebrantahuesos“, para que se hagan una idea), y a la vuelta otra a conjunto con su maridín, por supuesto conjuntada con zapatillas de correr por la montaña y calcetines amarillo o verde fosfi, también de running. ¿De verdad? ¿No había en tu armario una camiseta blanca sencilla, o de rayas, un top? ¿Unas sandalias? ¿Unas Adidas Gazelle? Lo dicho, Athleisure con mesura, incluso cuando somos turistas.
  • Antes muerta que sencilla… y con tacones hasta el patíbulo. Y nunca mejor dicho… Imaginen. París, 37 grados, no corría ni pizca de aire, un sol de justicia en medio de Fantasyland… y una mujer con minifalda vaquera a reventar, top enseñando pechuga (y marcando michelín) y unas sandalias con un tacón de más de 10 centímetros, plataforma, y los pobres dedillos de los pies asomándose, como morcillitas que se van a caer del mostrador en la carnicería… OMG. Que digo, que cada uno es libre de vestirse como quiera, pero a la pobre al final del día le tendrían que cortar los pies o algo… Y es que lo mejor, es adecuarse a cada situación, y ni pasarse, ni quedarse corto.
  • Las que podrían ser influencers. Hay una especie especial de mujeres que no parecen de este planeta. Siempre están perfectas, siempre aciertan con su atuendo y no importa que se hayan rebozado en el barro cual puerquitas… todo les queda bien. Y es que las Egobloggers nacen, y todas las demás somos meras abejitas mirando de reojo a la abeja reina. Por supuesto, cuando son turistas también van ideales con vestiditos, shorts con botines y sombreros, bolsos ultramonos, siempre bien peinadas, sin pelos encrespados ni pelufos, el maquillaje ideal… Pues eso, que las estupendas nacen, y todas las demás somos meros proyectos frustrados. Ains.
  • Las que creen que podrían (pero no pueden). Imagínense caminando por Disney, entre Khalenjis, morcillitas e influencers, y se encuentran con una postal naïf de los años 50, con el pañuelito al cuello, el pelo rubio platino (con una raíz negra importante, que no falte), top de escote halter azul Klein, falda midi roja de lunares y zapatos amarillos. Ah!! Y tatoo de Minnie Mouse en el brazo derecho. O con una mujer vestida de verde loro (con poco gusto, hay que decir) de los pies a la cabeza. O con un vestido hippie muy mono pero tan corto, tan corto, que a la mínima enseñaba el oremus (no les digo nada cuando cogía a su hijo en brazos…). Y todo por supuesto, rematado con unas bonitas orejitas de Minnie Mouse. Ains señoras, si es que Disneyland no es para arriesgar! No va a venir ningún fotógrafo famoso a hacer fotos, relájense, un poco más cómodas también saldrán monas en las fotos. Palabra.
  • Las que hacemos… lo que podemos. Y al final, estamos el común de los mortales, como yo. Estudio lo que meto en la maleta, intento que todo combine con todo, llevar algo para arreglarme, algo cómodo para el avión (aunque recordad: leggins nunca, nunca), zapatillas para andar, zapatos más monos por si aca, pantalones cortos, largos, algo de abrigo… Y al final acabas cargada como una mula y hecha un cuadro, como siempre. Y es que de repente cambia el tiempo y te fastidia el plan, esto es así. Y acabas con un conjunto muy cuestionable y de superviviencia y una gorra de Mickey Mouse demasiado grande, con orejas, y que te deja el flequilo hecho un cristo cuando te la quitas. Tanto tanto, que mariditos y Pichón te dicen: “pareces el pájaro loco” y se parten de la risa. Hay que asumirlo, la Egoblogger nace.

Y si a todo esto añadimos un ataque mortal de alergia que me dejó 2 noches sin dormir y muuuuuuchos mocos, muchas risas, mucha ilusión, Rayo McQueen, macarron en el aeropuerto y “pave chocolat”(o como se escriba) para desayunar every day… Pues éste ha sido mi viaje a Eurodisney señores. Si quieren datos prácticos pueden preguntar, no se corten…

¿Y para salir mejor en las fotos qué hacemos? Pues oigan, un poco de mesura en el vestido, ni pájaro loco ni como para ir de boda, un poco de polvos de sol, unas gafas de sol bonitas, un sombrero chulo (a poder ser, no hagan como yo) y a correr oigan. Que en estos días de prisas y maletas, cada una hace… lo que puede. Sean felices!

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