Enloquecida por el síndrome de Martha Stewart

Sí señores sí, estas semanas atrás he sufrido una posesión (no sé si demoníaca). Y es que tener tres grupos de Whatsapp de la clase de Pichón no puede ser bueno para la salud, se lo digo yo. Eso, unido a las dos celebraciones de cumpleaños del niño… Pues han provocado que esté Enloquecida por el síndrome de Martha Stewart y ahora verán porqué.

Lo primero que pensarán es ¿y quién es Martha Stewart? Pues ahora mismo se lo explico yo por si lo ignoran (y los señores de la Wikipedia, claro). Ella es el ama de casa perfecta. Sabe de todo, decoración, jardinería, restauración, cocina, vino… Es la reencarnación 2.0 del ama de casa perfecta de los años 50 (si omitimos su paso por la cárcel, claro…). He hecho en casa recetas suyas y son para chuparse los dedos, sus fotos de boda son increíbles, sus brunch ya los quisiera yo para mí,  y sus tartas ya para qué. Ains Martha, eres grande…

Todo empezó el día en el que, supuestamente para organizar el festival de los nenes, me pidieron el teléfono en una reunión de mamis del cole (no había ningún padre) y lo dí. Sin más, de forma inocente. Hasta ahora, había un grupo de Whatsapp de la clase, pero no era apenas activo (bien por mí!!). Bueno, pues esto cambió. De repente me habían agregado a 2 grupos de la clase. Por lo tanto, tenía 3 grupos!!! 3!!!! Y los 3 activos, algunos días con más 300 mensajes. Tierra trágame.

Total, que empezaron a compartir en el grupo “cosas”. Primero inocentes, pero luego empezó la competi. Fotos de lo fantástico que les había quedado el disfraz del festival (y que yo no había ni empezado), de los trabajos que habían hecho “con los niños” y la mascota de la clase (obras maestras del scrapbook!! y que a mí ya me había recriminado la profe que no lo había mandado), los complementos del festival, todos super bien tuneados y perfectitos (y yo sin hacerlo… uf!!!). Y por supuesto, siempre a altas horas de la madrugada, para que quede bien claro lo mucho que trabajan. Una un día, puso que “madrugaba muchísimo“, porque a las 8 ya estaba en la oficina y sus días eran una locura. “Pobre diabla”, pensé. Y al día siguiente, les casqué un Whatsapp a las 5.20 de la madrugada, que es cuando yo me despierto, así sin acritud.

Total, que llegan las dos últimas semanas clave del año, y me entra el maldito síndrome. Lo primero que hice fue ponerme los tapones en las orejas (virtuales) y los parches en los ojos para ir como los burros: hacia adelante, obcecada y sin ver más allá de mi nariz. Después deseché la ayuda de Mariditos y me puse de traje de la madre coraje que no soy. Se mascaba la tragedia.

Total, que hago los dos trabajos manuales a toda prisa un jueves por la tarde, solo con la ayuda de RollingFood, que me cuidó al pequeño. Y eso que mariditos me había dicho que me iba a ayudar… Pues yo ni caso. y además no lo hice de forma simple. Eso es para loosers. Yo me curré un cuento con la mascota de la clase, y una maleta para el festival que, cuando ví las demás… Era de lo más molona.

El domingo por la tarde, y como siempre al límite (el festival era el lunes), cosí todo el disfraz y lo dejé todo niquelado. Una vez más, decliné la ayuda de mariditos y me dejé influir por los malditos Whatsapp de madres perfectitas. A esas alturas, Martha ya estaba muy dentro de mí y había aplastado a la Malamadre que yo pensaba que era. Y el lunes me poseyó por completo. Hasta la médula.

Llegó el día H, el del festival. Me voy a currar, me como un bocata y salgo disparada a casa. Llego a casa, preparo al Pichón con su disfraz cosido por su Mamma, me pongo un vestido (muy de Martha, tengo que decir). Hago la bolsa de Alex y me dice Mariditos: ¿no vas muy arreglada? Y yo contesto: “para nada, solo llevo un vestido”. Total, que después de hacerle cambiarse porque se había puesto una camiseta de una carrera (esto merece un post aparte), nos vamos al festival.

Llegamos pronto, por supuesto, Martha nunca llegaría tarde a una cosa así. Había de todo, gente de punta en blanco y gente con camisetas de la caja rural, buen punto. Comienza el festival, niños altamente comestibles, el que más el Pichón claro, música, alegría, lagrimillas fáciles… lo que viene siendo un festival. Cuando bajó del escenario, me convertí en una madre que corría loca detrás de su hijo hiperexcitado, luchando por no resbalarse con sus sandalias (planas, pero resbaladizas), confraternizando con mis “amigas” de los grupos de Whatsapp y sudando tinta para que no se le vieran las bragas cada vez que se agachaba. Nota mental: A la próxima, pantalón. Empieza la graduación, subimos al escenario, besos, aplausos, fotos… Y nos vamos a casa.

Y empieza el drama. Eran las 20 de la tarde y “tenía” que cocinar algo para el cumple de Pichón al día siguiente. Y entrecomillo tenía porque nadie me había obligado a hacer nada… Total, que me dice Mariditos: “es muy tarde, y si compramos algo en el horno por la mañana y así descansas?”. Por supuesto, Martha contestó por mí: “No, voy a hacer pastel de chocolate“. Bocazas… Y me pongo a hacer un bizcocho muy fácil y que siempre sale bueno. Cuando ya tenía que meterlo en el horno, esto… ¿A qué temperatura había que hornearlo? ¿Y cuánto tiempo? El acabose.

Cuando subió Mariditos del parque con Pichón ya olía a quemado… Y el resultado a ver, no fue para tirarse de los pelos, pero la capa de arriba era más bien socarrat de la paella. Tragedia. Martha Stewart me estaba fustigando por dentro con un látigo que había hecho ella misma. Yo triste, mariditos flipado, mala noche, y el resultado? Que acabé llevando una tarta de Mercadona de Super Wings, gusanitos a gogó y galletitas. Y zumo natural recién exprimido del Señor Roig para calmar mi conciencia.

Martha Martha, no me hagas esto. Me habías hecho fantasear durante semanas con hacer helados caseros “healthy” para que los niños se los comieran acompañados de fruta…. Si esto me pasa con un hijo y tres grupos de Whatsapp… ¿Qué me pasaría con 4 hijos? En este momento, admiro muy fuerte a las cuatrimadres… A la próxima, malamadre que me habita, en cuanto escuches a Martha

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