Enloquecida por 48 horas en París

Alguien dijo alguna vez que París “bien vale una misa” y es total y radicalmente cierto. Palabrita de una que, a la mínima que puede (y tiene posibles, claro), se escapa a París. Esta vez @RollingFood y yo nos escapamos y ains… Cómo me gusta. Por eso hoy estoy Enloquecida por 48 horas en París y ahora verán porqué.

Hace mucho mucho tiempo que @RollingFood y yo teníamos ganas de irnos a París, y yo que despues de viajar sola el año pasado y después de ir este invierno a Madrid con ella y mi amiga A estaba venida arriba, pues le dije: ¿nos vamos a París? Siiiii!!!! Me dijo ella. Y al minuo siguiente estaba mirando apartamentos de Airbnb en la Rue Mouffetard. Soy facilona, pero muy mucho la verdad.

¿Y qué quieren que les diga de París? Pues lo que ya saben: que es precioso, y que es uno de los lugares a los que no me canso de viajar. Desde que mi amigo H se fue a vivir allí exactamente el mismo año que yo me fuí vivir a Madrid, siento por París una atracción inexplicable, aunque en realidad desde algún tiempo antes. Por eso, he aprovechado cada mínima oportunidad que he tenido para largarme de visita y que me enseñe los rincones más cool. He conocido todas sus casas (y ha vivido en unas cuantas) y también he ido a quedarme en hoteles, para que pudiera trabajar tranquilo. Y después de esta última vez tengo que decir que en cuanto pueda, repito.

A pesar de la mala noticia laboral que le dieron a mariditos, de que llovió algo y de que el shuttle nos recogía de vuelta a las 5 de la mañana, lo hemos pasado teta. Hemos paseado todo lo paseable, visitado todo lo visitable, comido todo lo comible y entrado en todas las tiendas posibles. Aun así, aquí van las 10 conclusiones de Enloquecida en París:

  • Los dulces de Laduree están tan buenos como parece. Sí señores sí. Siempre quise ir a esta pastelería a probar sus célebres Macarron (aunque dicen que los de Hermé son mejores) y por fin lo hice. Fuimos allí a desayunar y lo cierto es que es otro nivel. Los bollos saben a mantequilla de verdad, pero de la buena buena. Nos pusieron un platito de quesos con pan y no podían estar más ricos, ni los quesos ni el pan. Y los financier… Ay los financier… Eso es oro!!! Me hubiera comido un kilo entero… El salón de la pastelería de la Rue Bonaparte es un poco vetusto, aunque en realidad le da un ambiente decadente al salón de té que mola, reforzado por las fotos antiguas en las pareces y las tazas, platos, vasos… Es caro pero para mí, valió la pena. Y para el camino nos compramos unos cuantitos macarron… Me quedo con el de Vainilla y el de Pistacho, para mí, los mejores con diferencia.
  • Si quieres ir a comprar a algún sitio… Ve a París. Porque hay estilos y tiendas para todos los gustos. Diseñadores, marcones, marcas autóctonas, tiendas Vintage que son oro puro… Lo que quieras. Yo me quedo con los sitios chiquititos, sin ninguna marca aparente, con dependientas amables a tope y ropa con estilazo. Eso sí es imprescindible pasearse por la Rue Saint Honore y ver todas las tiendas caras, entrar a Colette a ver lo que es la moda de verdad… Eso sí, su bar de agua, está sobrevalorado, crean a esta foodie aficionada. Y memoricen el nombre de esta calle: Rambuteau. Las tiendas que vimos allí… Ains cómo son… Para todos los bolsillos, de abajo arriba.
  • El estilo francés no es el que nos venden. En serio, no ví ni a una sola francesa con camiseta de rayas. Con gabardina… Vale, alguna. Pero en general, el estilo francés que yo he visto (y me he fijado mucho mucho) habla de naturalidad ante todo. Pantalones chinos ceñidos, pero no ajustados, y mucho más arriba del tobillo. Pocos vaqueros, aunque sí de color blanco. Zapatos de cordones, o salones con un tacón sensato. Mucha mezcla de azul marino y negro, mucha camisa blanca, y muuuuuchas zapatillas de deporte con falda o pantalón de cualquier estilo. Bolsos bonitos y con carácter, con o sin marca. Su eterna bolsa de algodón blanco para llevar trastos y libros (además del bolso, claro), y muy poco maquillaje (algo de colorete, labios rojos y para de contar), laca o gomina. Eso las estilosas claro, que de las otras, hay en todas partes y París no es la excepción.
  • A los franceses les repatea un poco hablar inglés. O al menos, es lo que parece. Con los demás francófonos son la mar de simpáticos, pero en cuanto te oyen hablar en Inglés ya se les frunce el ceño. En fin…
  • Nunca te cansarás de ver un monumento (o museo) más. Así es, al menos para mí. En mi 8º visita (si recuerdo bien) a París, ví cosas que no había visto. Logré entrar a la Saint Chapelle (por diversos asusntos nunca lo había logrado), fuimos a Shakespeare and Company (aunque no lo crean, nunca había ido ni pasado por la puerta), y cuando estábamos reventadas, nos subimos a un bus turístico para dar una vuelta más por París (aunque esto nos quitara puntos de glamour), que sigue igual de precioso que siempre. La vuelta al Louvre (que ya hace unos años que no entro) para la próxima visita.img_4361
  • En París, con pasear es suficiente. Yo siempre descubro algo nuevo. Siempre. Esta vez, un precioso mercado de flores junto a Notre Dame. O la Isla de San Luis, por cuyas calles nunca había paseado y que son una especie de refugio de calma dentro de París. También, los patios de las casas del barrio latino y otros barrios céntricos de la ciudad, donde te alejas del ruido y del ajetreo de las calles. O la siempre preciosa Plaza de los Vosgos, el jardín de Palais Royal, la zona de Saint Germain, las orillas del río…
  • El pan de París es de otro planeta. En todos los sitios donde comimos encontramos buen pan. Daba igual que fuera un café de mala muerte que un sitio más apañado, el pan (y la mantequilla) eran deliciosos. Además, encontramos frente a Notre Dame la feria del pan: Una carpa enorme donde estaban haciendo y vendiendo pan y pastelillos varios. Pudimos ver cómo hacían las baguettes, que son mucho más compactas y con una harina menos blanca que los panes españoles. La miga es esponjosa pero consistente, no como la de algunos panes que parecen de corcho. Y la corteza es dura y crujiente... Después de entrar en la carpa y probar un brioche con pepitas de chocolate, quise dejarlo todo y abrir una panadería, con recetas francesas… Luego me caí del guindo, claro.
  • La gastronomía francesa no solo tiene fama. No señor, no solo es fama. A lo mejor en este momento, la española es más innovadora (y lo pongo en cuestión porque no fuimos a ningún sitio con estrella Michelín ni nada parecido, por lo tanto no puedo afirmar o desmentir) pero en Francia cuidan muchísimo el producto, y no solo en los restaurantes. Vas a una verdulería y está todo tan bien expuesto e iluminado, que te comerías hasta las pencas de las acelgas a bocados. Tienen certificados de origen y calidad para diferentes productos y los respetan, y están orgullosos de su cultura gastronómica. Comimos en diversos cafés que simplemente, encontramos por casualidad, y en todos nos dieron buena comida, incluso las ensaladas, cosa que suele ser complicada. La última noche, fuimos a Le Relais de L’Entrecote, un restaurante al que ya había ido antes y que me parece riquísimo. Solo te preguntan el punto de la carne, y lo primero que te sirven es una ensalada con un aliño riquísimo (quiero reproducirlo en casa!!). Luego entrecote con salsa dos veces, y luego uno de sus ricos postres. Sencillo pero con muy buenos productos, y el resultado es… Que siempre está lleno.
  • París son sus cafés. Porque es una delicia sentarse en un café en primavera, mirando a la calle, y tomarse un café, o un té, o una ensalada o lo que sea. En invierno es otro tema, en primavera y en verano… Me parece increíble.
  • Los leggins no son pantalones. Por mucho que se empeñen, y da igual que vayas a por el pan o a coger un vuelo intercontinental. Los leggins no son pantalones por mucho Athleisure que se inventen, y solo son válidos para ir a hacer deporte o al gimnasio. O va, cuando estás embarazada tiene un pase, pero sino never. He dicho.

Y ahora ya lo saben, comenten sus experiencias, critiquen y, si un día me pierdo, búsquenme en París (o en Dublín, claro…)

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3 thoughts on “Enloquecida por 48 horas en París

  1. Yo suscribo y corroboro todo lo que has contado, aporto que:
    – El pan de París no tapa.
    – Estoy en desacuerdo con los leggins. Bien conjuntados y complementados, son uno más en nuestro armario.

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