Enloquecida por el pudding de chia

Reconozco que la comida healthy siempre me ha puesto. Era ver unos cereales (cuanto más integrales y marrones, mejor), unas barritas, una pasta integral y me entraba un nosequéquéseyo mortal. Esas hamburguesas de tofu, ese seitán en daditos o en sopa… Mmmmm… Pero eso está cambiando… Y es que hoy estoy enloquecida por el pudding de chia y ahora verán porqué.

Pues como les iba diciendo, la comida healthy me fascina. Las tortitas de arroz, los yogures de soja… Elixir de dioses. Hubo una temporada en la que mi sitio preferido para comer cerca del trabajo, fue bautizado como “el desatascador” por mi jefe: era un vegetariano de los más duros, y ya se sabe cuando uno abusa de las verduras y las legumbres…

Los batidos o smoothy también me suliveyan. Eso de beberte la belleza, o el detox en un bonito vaso no me digan quPudding de chiae no tiene puntos de glamour… Aunque mi nutricionista de cabecera, que es muy de la dieta Mediterránea (y también de la del cucurucho) me riñe y me hace romper el embrujo: mejor que un smoothy, cómete una manzana a bocados y déjate de chorradas.

Total, que cuando Instagram llegó a mi vida, mi timeline se llenó de batidos, de tortitas hechas con proteína “ovowey” (sigo sin saber qué es eso, la verdad) y una cascada de frutos rojos, pizzas de coliflor bajas en carbohidratos y (oh, si!) preciosos pudding de chia. Un día, navegando por esta red social que tanto me gusta ahora, encontré algo que me encantó: las cajas de comida saludable. ¿Y qué son? Pues cajas que te envían mensualmente a casa con comida (supuestamente) saludable, bio, eco, gourmet o lo que sea. Total, que caí víctima de las dichosas cajitas.

Tengo que decir que te mandan cosas riquísimas (como las barritas, chocolate puro, granola, tortitas, pasta integral) pero luego hay otras cosas… Que no se las darías ni a tu peor enemigo. ¿Quién en su sano juicio sabe lo que es el gomasio y para qué sirve? Yo desde luego, antes de esto no lo sabía. Total, que entre tanta comida healthy cayó en mis manos un bote de semillas de chia. Y yo pensé “aquí está la piedra filosofal, el desayuno definitivo“. En todas partes ponía tantas cosas buenas sobre la chia que no podía haber nada malo. “Y además sabe a nuez“, decían en Vogue. Total, que busqué varias recetas de pudding de chia y me puse a hacerlo.

Puse las semillitas en la leche… Y flotaban. 20 minutos decía la receta. Yo las dejé toda la noche y aquello seguía duro y hecho una plasta… “Probaré con leche vegetal”, pensé. Tuve la chia 24 horas en leche de almendras y solo entonces empezó a parecerse a las fotos de instagram. Le puse canela, un poco de sirope de agave (muerte al azúcar blanco), y lo mezclé con un yogur y trocitos de manzana. Y me dije “seguro que con esto aguanto toda la mañana sin una gota de hambre”.

Cuando me lo fuí a comer su aspecto era… Como ven en la foto. No words. Mientras mi compañera se zampaba un bocata de tortilla con pimientos fritos. No hay color, señores, no hay color. No estaba malo, pero la verdad es, que no sabía a nada (las semillas en cuestión, lo demás estaba bueno). Total, que a la hora me estaba zampando un paquete de rosquilletas del consum que tenía de reserva en la mesa.

¿Voy a dejar la comida healthy y mi fascinación por ella? Ni mucho menos, seguiré probando cosas, algunas muy buenas y otras terribles, horrendas, como la sopa de cebolla de tetra brick. Pero desde luego, pudding de chia never again.

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