Enloquecida con la fritanga

Quienes frecuenten estos lares, ya sabrán que aquí a una servidora le gusta bastante el buen llantar. Y que además, tengo el morro fino, es así. Por eso, una de las cosas que peor llevo cuando salgo a comer/cenar/desayunar por ahí es la fritanga style. Si, ese aroma a aceite rancio, ese aire de churro pasado que te impregna tras 5 minutos de permanencia en ciertos restaurantes o bares. Por eso hoy estoy Enloquecida con la fritanga,  y ahora verán porqué.

Imagínense. Quedan ustedes, con toda su ilusión, con sus amigas/maridito/mujercita/familia/con quienes quieran y se ponen ustedes guap@s, limpic@s, aseaos, mudaos para la ocasión… Llegan al restaurante en cuestión, todo bonito, camareros con delantal largo negro, todo muy fashion, muy Pinterest… Y a los 10 minutos, todo, absolutamente todo, huele a aceite y a croquetas de pollo. A 12 horas de trabajo en una churrería. Hasta las bragas huelen, y el pelo, no digamos. Pues esto no es nada glamouroso, no me digan que no.

Cuando esto sucede, siempre me hago una serie de preguntas filosóficas equiparables a las clásicas “¿de dónde venimos? ¿a dónde vamos?”… ¿Tendrán la campana extractora estropeada? ¿en la cocina solo tendrán freidoras? ¿acaso solo habrá fritos en el menú? Y claro, ya es un no parar de darle a la cabeza. Hay veces que, en la puerta del restaurante en cuestión, ya se detecta ese aroma inconfundible a alitas de pollo frito (que, curiosamente, no se huelen en la cadena del rey del pollo frito), y mariditos y yo, directamente, damos media vuelta. Así, sin más. Porque la fritanga style hace que te entren muchas ganas de llamar a Chicote, y más a alguien como yo, que vendo productos de limpieza. Solo hay una excepción: los bares de viejo. Esos que están como en los años 60 y te sirven la mejor toeGOfVnxlrtilla de patatas de la historia. En estos, la fritanga style es un must, aunque curiosamente, no suelen oler a refrito.

Pero la fritanga style no se acaba en el restaurante. La te persigue allá donde vas, como el olor a ajo o a Barón Dandy. ¿Entras en una discoteca? Te acercas a un grupo y fritanga style. Entras a un centro comercial y alguien pasa por tu lado y… fritanga style. Cuando mi padre vuelve de comer en el bar de la china del polígono… Fritanga style. Y como vaya a cierto bar del pueblo… fritangón!!! Casi hay que ponerse una mascarilla y todo.

La ley del tabaco ha hecho muchas cosas buenas por este país y por la salud de sus habitantes. Pero ha desenmascarado hedores terribles, olores desagradables como el de las cañerías y la fritanga style, por no hablar de los gases humanos que de repente te invaden en una discoteca o pub, así como el que no quiere la cosa. Como pedos traicioneros que te apuñalan por las esquinas. Y es que un buen ambientador a tiempo, es una victoria.

Ay, de esos tiempos en los que todo olía a tabaco, y las personas olían a una mezcla de colonia y tabaco que a mí, personalmente, me resulta hasta sexy… Y no este olor a aros de cebolla mezclados con patatas deluxe. Hosteleros del mundo, en serio. Hagan un esfuerzo y erradiquen ya la frintaga style de nuestras vidas. El mundo y sus clientes (especialmente su pituitaria) se lo agradecerán. Y así, incluso si el plato que están tomando son unos “sanjas al ketchup“… Les sabrán a caviar del caspio. Palabra de Enloquecida.

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