Enloquecida por la paella de Casa Carmela

En esta vida enloquecida que llevamos, un día mariditos tuvo una revelación mariana y descubrió su misión en este mundo: encontrar el restaurante donde se toma la paella perfecta. Si, así es él, jejeje. Luego pensó que podríamos escribirlo todo en un blog… Pero claro, él que es más de ciencias que las hondas gravitacionales no se sentó nunca a escribir, así que yo he decidido recoger su testigo y ponerme a contarles nuestros hallazgos en esta ardua búsqueda, tanto o más que la del Arca Perdida o el Tesoro de los Templarios. Por eso hoy estoy Enloquecida por la paella de Casa Carmela.

Casa Carmela es un restaurante que lleva abierto desde 1922, y eso se nota. Está muy cerca de la casa de Blasco Ibáñez en la Patacona, un lugar preciooooooso y que a mí personalmente me encanta (otro día les contaré lo mío con las novelas de Blasco Ibáñez, que me enloquecen también). En una casa antigua está Casa Carmela, pero no es el típico sitio de turisteo abarrotado con terraza de sillas de plástico, ni mucho menos. Es un restaurante con un servicio im-pe-ca-ble, con una carta muy amplia de arroces y otras cosas, todas de una calidad a tener en cuenta.

Paella Casa CarmelaEl reto requiere pedir siempre “paella valenciana“, nada de pescado ni innovaciones variadas. La paella perfecta requiere ortodoxia, y tiene que ser valenciana de pura cepa: pollo, conejo (a veces pato o rata de la Albufera, como dice mi padre), ferraura, rotjet, garrofó y tabella. A veces alcachofas y caracoles como mucha innovación. Y of course, Arroz Bomba. Y nunca simplemente “arroz con cosas“.

Y la paella valenciana de Casa Carmela cumple con creces la tradición. Con caracoles y todo. Arroz en su punto, ni muy duro ni muy blando, sabor auténtico, de casa, como si tu padre la huera hecho en el paellero de casa, con ese sabor ligeramente ahumado. Velo de caldo por encima, muestra de que ha cocido sin prisas, y socarrat en el fondo, pero socarrat tostado, no requemado. Y es que el socarrat no es arroz quemado, es un arroz tostado pero no negro. Cuando está negro, es que se ha quemado señores, esto es así.

La paella la comimos (y la solemos comer siempre) al centro, como tiene que ser. Solo el pichón come del plato porque no tiene aún ni dos años, en cuanto crezca, comerá de la paella como todos, faltaría más. Y la traen en un artilugio que yo no había visto en ningún restaurante, y que permite que ni te quemes con la paellera ni te manches de tizne.

Todavía no hemos podido volver a comprobar que esta rica paella no fue fruto de la casualidad (el ritual es ir dos veces a cada sitio, es así), pero salvo una de las veces que lo intentamos y estaban de vacaciones, las demás siempre… Estaba lleno. A tope. Esto es por algo señores…

Mientras tanto, continuaremos con nuestra búsqueda de la paella perfecta…

PD: Hemos conseguido volver a Casa Carmela – stop – La paella sigue igual de tremenda a pesar de ser pleno verano y estar a tope – stop – Prueben sus bueños de bacalao, están exactamente igual que los que hacía mi abuela pero un poco más refinados – stop – Está rica hasta la coca con canela crujiente que te ponen con el café – stop – ¿A qué están esperando insensatos?

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