Enloquecida por los pinkis, pinkies pikis o como quiera que se llamen

Pinkis, pinkies, pikis, o como quiera que se llamen. La prenda que tod@s llevan, los más fashionistas, los más cool… Pero nadie habla de ella. Los innombrables, los que nunca deben ser vistos, los que hacen ese papel tan desagradecido y sin los que, reconozcámoslo, perderíamos todo el glamour de un plumazo.

Pero empecemos desde el principio. La moda es, cuanto menos, arbitraria. De repente se llevan los pitillos, ahora ya no. Hoy son demodé los croptop (vamos, camisetas cortas de toda la vida), hoy son lo más de lo más. Ayer se llevaban las sandalias preciosas con cristales brillantes y purpurina, y pasado mañana se lleva el “feísmo”… Así es.

Hace ya algún tiempo comencé a verlo en blogs y en Internet en general, pero fue este post de mi admirada Lucia Be lo que me abrió definitivamente los ojos: Llevar calcetines-media transparentes era cutre. Ya decía yo… Y es que yo era mucho de llevar calcetines media pero, no sabía yo porqué, siempre llevaba arrugas horribles, se me caían, tenían un color muy diferente al de mi piel o me dejaban cercos rojos en los tobillos que picaban un montón.

Los pikis, la prueba del delito
Los pikis, la prueba del delito

Por eso, cuando me dí cuenta de que estaba “demodé“, el animal fashionista que llevo dentro, la egoblogger frustrada que alberga en mi interior dijo: “calcetines media nunca más”. Y dejé de ponérmelos. Y vino la bofetada de realidad: Si vas con bailarinas sin calcetines de 6 de la mañana a 9 de la noche (o más) te huelen los pies. Así de prosaico. Y no es nada glamouroso (por muy rojas que lleves pintadas las uñas de los pies) quitarte tus preciosas bailarinas… y que cante a cabrales, ni delante de tu ligue ni de tu marido/novio. Y como tengas los pies delicados y te salgan heridas o ampollas apaga y vámonos…

Por ello, quiero dar voz a los olvidados, a los salvadores del glamour, a los pinkis, pinkies, pikis o como quiera que se llamen. Porque ellos, cual calzas de hospital, en realidad son el cinturón de seguridad de las fashionistas, el chaleco salvavidas de las estupendas… Y de su olor corporal (que, doy por hecho, sus efluvios corporales varios no huelen a Chanel número 5).

Desde que me acordé de ellos, he dejado los calcetines de Lina Morgan y los llevo con bailarinas, zapatos de tacón e incluso con zapatillas de deporte, eso si… La tensión se masca cuando un pequeño atisbo de media color carne asoma sobre la piel… ¡Ante todo, que nadie vea los pinkis, pikies, pikis o como narices se llamen!

PD: si como queréis jugar con fuego y llevar zapatos sin calcetines, la gran Andrea Amoretti os explica aquí a la perfección cómo hacerlo sin morir en el intento.

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3 thoughts on “Enloquecida por los pinkis, pinkies pikis o como quiera que se llamen

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